Envejecimiento de los conductores en tu organización: riesgo u oportunidad
Nuestro país vive un acelerado incremento del envejecimiento de la población, producto de la mayor esperanza de vida y del bajo porcentaje de la natalidad, lo que convierte a Chile en uno de los más envejecidos en América Latina.

Esto ha traído consigo no sólo desafíos socioeconómicos, en temas de salud y del sistema de pensiones, si no que se ha convertido en una preocupación en el ámbito de la seguridad vial, debido al aumento progresivo de personas mayores de 60 años al volante, representando un 12% de las licencias clase B. Además, más de 26.000 conductores son mayores de 80 años.
El Informe de Personas Mayores de Conaset del año 2024 reveló que en nuestro país el 12,5% de los participantes en siniestros de tránsito pertenecía al grupo etario de personas mayores (60 años o más), constituyendo este grupo un 21,3% de los fallecidos y un 13,4% de los lesionados en siniestros de tránsito. La imprudencia del conductor fue la principal causa de accidentes en dicho grupo de edad y la causante de la mayor cantidad de víctimas fatales.
En Chile no existe una edad precisa para dejar de manejar, ya que todo depende de cómo evolucionen las condiciones físicas y mentales de cada persona con el paso del tiempo. Sin embargo, no hay que dejar de lado el hecho de que, a medida que aumentan los años, sea normal que los sentidos y otras capacidades vayan deteriorándose de manera progresiva.
¿El envejecimiento representa un riesgo o una oportunidad?
La norma NCh-ISO 39001:2014, como herramienta de estándar internacional integral, aborda en su apartado 6.2 sobre “Acciones para tratar riesgos y oportunidades”, que al implementar el sistema de gestión de la seguridad vial, la organización debe considerar las cuestiones referidas a determinar los riesgos y oportunidades que es necesario tratar, con el fin de que en el proceso de planificación se determinen acciones para un tratamiento adecuado.
Se trata de que la organización maneje por un lado el aspecto negativo de los riesgos y por otro lo enfoque en el desarrollo de oportunidades, bien de manera separada o conjunta.
Así, el hecho de que el envejecimiento de la plantilla de conductores, cuya edad media es de 60 años, haya tenido como consecuencia menos atención al volante y que comiencen a sufrir enfermedades, como cataratas, diabetes, parkinson o pérdida de visión que disminuyan la capacidad para conducir, puede ser tratado como un riesgo o como una oportunidad:
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Como riesgo: Son necesarias acciones preventivas que lleven a la realización de controles psicosensométricos periódicos.
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Como oportunidad: El desarrollo de un plan de formación (mentoring), es crucial para que los conductores más antiguos instruyan sobre sus experiencias en conducción al resto de la plantilla para evitar siniestros de tránsito.

Debe destacarse que, si bien es importante promover la longevidad laboral de los conductores mayores con medidas que aborden la salud física y mental y las condiciones laborales, también es relevante que las organizaciones integren y aprovechen la experiencia, responsabilidad y serenidad de estos conductores a través de decisiones que faciliten su contribución a la empresa más allá de su edad cronológica, es de decir, permitiendo que apliquen sus conocimientos y los compartan con las nuevas generaciones.
Consejos clave para gestores de flota frente al envejecimiento:
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Chequeos médicos periódicos: efectuar evaluaciones a la salud de los conductores a través, por ejemplo, la realización de controles psicosensométricos que midan la visión, audición y reflejos, de tal manera de verificar su aptitud y actitud frente al volante.
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Monitoreo mediante uso de tecnología avanzada: Gestión eficiente de seguimiento con uso de la telemetría, herramienta aliada que previene la conducción riesgosa y que permite la detección temprana para una intervención rápida.
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Trayectos y recorridos adaptados: tener en cuenta sus capacidades y experiencia, sin dejar de lado su bienestar para reducción del riesgo.
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Valoración y respeto: fomentar permanentemente su experiencia frente a los demás, generando motivación y mayor compromiso con la seguridad vial.
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Promover una cultura de seguridad vial inclusiva, familiar y respetuosa.
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Capacitación y formación continua: adaptarse a la edad del conductor con programas de actualización en técnicas de conducción y normativa.
Víctor M. Cancino Veloso - Coordinador de Seguridad Vial CEA Chile
