Estrés al volante: el riesgo invisible que también desafía a la seguridad vial
La presión por cumplir horarios, la congestión, las jornadas extensas, los turnos nocturnos y la carga mental pueden modificar la atención, las decisiones y la conducta de quienes están al volante.
La seguridad vial debe abordarse de manera integral: no basta con mirar el comportamiento del conductor, también es necesario analizar las condiciones en que desarrolla su trabajo.

Conducir exige mucho más que conocer las normas de tránsito. Cada desplazamiento implica mantener la atención, anticipar riesgos, controlar las emociones, evaluar velocidades y distancias y tomar decisiones en fracciones de segundo.
Cuando a estas exigencias se suma un nivel elevado de estrés, la capacidad de responder adecuadamente puede verse comprometida.
El estrés no es, por sí mismo, una causa directa de un siniestro. Sin embargo, la evidencia disponible muestra que puede asociarse con condiciones que incrementan el riesgo de errores, fatiga, conductas impulsivas y dificultades para responder frente a situaciones imprevistas.
En CEA entendemos la seguridad vial desde una perspectiva preventiva y sistémica. Nuestra experiencia en consultoría de seguridad vial y gestión de flotas nos ha llevado a observar que prevenir siniestros requiere mucho más que reaccionar después de ocurrido un incidente: implica identificar riesgos, establecer controles y promover una mejora continua de las condiciones en que se desarrolla la movilidad de las organizaciones. CEA Chile cuenta, además, con experiencia en la implementación de sistemas de gestión de seguridad vial bajo ISO 39001.
Cuando el estrés llega al volante
El estrés aparece cuando una persona percibe que las demandas que enfrenta superan sus recursos para responder adecuadamente. En el ámbito de la conducción profesional, esta situación puede surgir por múltiples razones: presión por cumplir horarios, congestión vehicular, interacción con pasajeros, extensas jornadas, turnos nocturnos, falta de apoyo, problemas organizacionales o incentivos vinculados exclusivamente a la productividad.
Cuando esta respuesta se intensifica, puede afectar procesos fundamentales para una conducción segura: concentración, memoria, tiempo de reacción, precisión y evaluación del riesgo.
El conductor puede volverse más irritable o impulsivo, tomar decisiones más rápidas pero menos reflexivas, evaluar de manera inadecuada una distancia o velocidad o tener mayores dificultades para enfrentar un imprevisto.
Y existe un elemento especialmente relevante: el estrés rara vez actúa solo.
Cuando se combina con fatiga, privación de sueño o turnos nocturnos, el riesgo puede aumentar. La falta de descanso reduce la capacidad de mantener la atención y puede favorecer episodios de somnolencia e incluso microsueños.
La evidencia chilena: estrés, sueño y accidentabilidad
En Chile existen investigaciones que permiten observar esta relación desde distintas perspectivas.
Uno de los estudios más directamente vinculados con la conducción profesional analizó a 48 conductores de camiones forestales, 30 de ellos pertenecientes a sistemas de turnos rotativos y 18 con jornada diurna.
Los resultados son reveladores: en el grupo de turnos rotativos, un 60% presentó algún nivel de insomnio, mientras que un 26,7% presentó somnolencia. Además, el 63,3% señaló que el turno nocturno era el que le generaba mayor somnolencia.
El estudio también encontró una relación significativa entre estrés y accidentabilidad en los conductores de jornada diurna y una asociación entre accidentabilidad y la dimensión de compensaciones laborales en quienes trabajaban bajo un sistema rotativo.
Los resultados deben interpretarse con cautela, ya que se trata de una muestra pequeña y de un estudio transversal. Pero entregan una señal importante: el estado psicofísico del conductor y las condiciones en que desarrolla su trabajo forman parte del sistema de seguridad vial.
Otra investigación realizada en Chile estudió a 356 conductores de transporte de carga y pasajeros, urbanos e interurbanos. El promedio de trabajo alcanzaba las 11,4 horas diarias y 51,9 horas semanales.
Entre los principales factores psicosociales analizados estuvieron las exigencias psicológicas, las compensaciones, el apoyo social y la calidad del liderazgo, además del control sobre el tiempo de trabajo y las exigencias cognitivas y sensoriales.
La investigación encontró asociaciones significativas entre factores psicosociales y salud mental y, después de ajustar distintas variables, la dimensión de compensaciones mantuvo una asociación significativa con la participación en accidentes de tránsito.
La conclusión es especialmente relevante para las empresas: la seguridad no depende únicamente de la conducta individual del conductor. También puede estar relacionada con la forma en que se organizan los turnos, se establecen las metas, se gestionan los tiempos y se ejerce el liderazgo.

Del estrés al agotamiento: cuando aparece el burnout
Existe, además, una diferencia entre experimentar estrés en una situación puntual y encontrarse frente a una exposición prolongada a exigencias laborales.
Un estudio realizado con 112 conductores del transporte público de Santiago analizó el burnout y la carga mental. Los resultados mostraron que un 79,47% presentó altos niveles de desgaste psíquico, mientras que un 23,22% presentó indicadores correspondientes al Perfil 1 de burnout y un 6,25% alcanzó el Perfil 2, asociado al nivel clínico del instrumento utilizado.
Asimismo, se encontró una relación positiva y estadísticamente significativa entre carga mental y burnout.
El burnout no debe confundirse con un episodio puntual de estrés. Se relaciona con una exposición prolongada a exigencias laborales y puede manifestarse mediante agotamiento, pérdida de motivación, irritabilidad, indiferencia o deterioro de las relaciones con pasajeros, compañeros y supervisores.
En términos de seguridad vial, un conductor emocionalmente agotado puede tener mayores dificultades para responder de manera flexible ante una emergencia o mantener conductas preventivas.
La congestión también estresa
Para quienes conducen diariamente en ciudades como Santiago, existe un factor que parece cotidiano, pero que puede tener un impacto importante: la congestión vehicular.
La presión aumenta cuando un conductor acumula retrasos y, al mismo tiempo, debe cumplir un horario, una frecuencia, una entrega o una determinada cantidad de servicios.
En ese escenario puede aparecer una percepción peligrosa: que es necesario "recuperar el tiempo perdido".
El problema surge cuando esa presión modifica la percepción del riesgo. Una maniobra que en condiciones normales sería considerada insegura puede comenzar a parecer aceptable o incluso necesaria.
Esto puede traducirse en mayor velocidad, adelantamientos riesgosos, frenadas bruscas, cambios repentinos de pista o reducción de las pausas.
El estrés, por tanto, no "obliga" automáticamente a una persona a conducir de manera peligrosa. Pero puede alterar la forma en que interpreta una situación y evalúa sus riesgos.
¿Qué dicen las cifras de siniestralidad?
En Chile, durante 2024 se registraron 75.653 siniestros de tránsito, 1.439 personas fallecidas y 42.400 lesionadas, de acuerdo con las estadísticas de CONASET. La imprudencia del conductor fue la principal causa basal registrada, con 52.287 siniestros.
Estas cifras requieren una precisión importante: CONASET no identifica el estrés psicológico como una causa independiente de los siniestros. Por lo tanto, no es correcto afirmar que el estrés explique las cifras de imprudencia del conductor.
Sí es posible plantear que determinados factores que acompañan al estrés —como la fatiga, la falta de sueño, la presión temporal o la sobrecarga mental— pueden favorecer condiciones de riesgo.
En la Región Metropolitana, por ejemplo, la categoría "drogas y/o fatiga en conductor" registró 164 siniestros y 11 fallecidos durante 2024, con un índice de severidad de 6,71, frente a un promedio regional de 1,43.
No significa que el estrés haya causado esos siniestros. La cifra sí refuerza la necesidad de incorporar el descanso, la fatiga y las condiciones psicofísicas dentro de una estrategia integral de seguridad vial.
La mirada de CEA: gestionar el riesgo antes de que ocurra el siniestro
Desde CEA creemos que la seguridad vial debe dejar de entenderse únicamente como el cumplimiento de normas por parte del conductor; La seguridad vial también se construye desde la gestión
Una organización que administra una flota debe preguntarse si sus rutas son realistas, si sus tiempos consideran las condiciones reales del tránsito, si sus conductores cuentan con pausas adecuadas, si existen mecanismos para reportar fatiga y si sus indicadores de desempeño están alineados con una conducción segura.
Esta mirada es coherente con el enfoque de CEA Chile en materia de gestión de flotas y seguridad vial: ayudar a las organizaciones a identificar riesgos, mejorar sus procesos y avanzar hacia una movilidad más segura y eficiente. La compañía desarrolla servicios de gestión integral de flotas y consultoría en seguridad vial, incluyendo la implementación de sistemas de gestión bajo ISO 39001.
Porque una flota no se gestiona solamente controlando vehículos. Se gestionan personas, riesgos, procesos, información y decisiones.
¿Qué pueden hacer las empresas?
La prevención debe ser concreta y medible.
1. Evaluar los riesgos psicosociales
No se puede gestionar aquello que no se conoce. Las organizaciones deben evaluar periódicamente las condiciones psicosociales que afectan a sus trabajadores.
2. Integrar estrés y fatiga en la gestión de seguridad
No basta con controlar las horas de conducción. También es necesario considerar turnos nocturnos, cambios de horario, días consecutivos de trabajo, horas de sueño y pausas.
3. Revisar los incentivos
Los sistemas que premian exclusivamente productividad, velocidad o cumplimiento de tiempos pueden generar efectos contrarios a la seguridad.
4. Diseñar pausas que realmente puedan cumplirse
Una pausa que aparece en el papel, pero que el conductor no puede realizar porque debe recuperar un retraso, no constituye una medida preventiva efectiva.
5. Capacitar a supervisores
Irritabilidad inusual, agotamiento, errores repetidos o dificultades de concentración pueden ser señales que requieren atención.
6. Crear una cultura de reporte
Un conductor debería poder informar que está fatigado, estresado o emocionalmente alterado y solicitar apoyo. Reportar una condición de riesgo debe entenderse como una conducta segura.
7. Utilizar la tecnología con un propósito preventivo
La telemática y los sistemas de gestión de flotas pueden ayudar a identificar rutas, horarios o patrones de conducción que concentran eventos de riesgo. La información debe utilizarse para prevenir y mejorar, no únicamente para sancionar.
Seguridad vial: mirar más allá del volante
Hablar de estrés al volante no significa justificar una conducta insegura ni trasladar la responsabilidad desde el conductor hacia la empresa.
Significa comprender que un siniestro vial ocurre dentro de un sistema en el que interactúan múltiples factores.
La persona, el vehículo, la infraestructura, el entorno, el descanso, la organización del trabajo y las decisiones de gestión forman parte de ese sistema.
Por eso, frente a un siniestro, la pregunta no debería ser únicamente "¿qué hizo mal el conductor?".
También deberíamos preguntarnos:
¿Cuántas horas llevaba conduciendo? ¿Cuánto había dormido? ¿Trabajaba de noche? ¿Tenía pausas reales? ¿Existía presión por cumplir un horario? ¿Cómo se gestionaban los retrasos? ¿Podía reportar que estaba fatigado? ¿Qué apoyo recibía de su organización?
Estas preguntas no buscan quitar responsabilidad. Buscan encontrar las causas que permitan evitar que el mismo hecho vuelva a ocurrir.
Una nueva mirada para la seguridad vial
La seguridad vial del futuro requiere pasar de una mirada exclusivamente reactiva a una gestión preventiva e integral del riesgo.
El estrés no siempre se ve. No deja necesariamente una marca en el vehículo ni aparece en una fotografía del siniestro. Pero puede estar presente detrás de una jornada extensa, una noche sin dormir, una discusión, una presión por llegar a tiempo o una decisión tomada en una fracción de segundo.
Por eso, desde CEA Chile consideramos fundamental avanzar hacia una cultura donde la seguridad vial sea parte de la gestión estratégica de las organizaciones y no solamente una responsabilidad individual del conductor.
La experiencia de CEA Chile en gestión de flotas, consultoría de seguridad vial, investigación de accidentes y sistemas de gestión bajo ISO 39001 responde precisamente a esa mirada: anticiparse al riesgo, analizarlo y generar herramientas que permitan prevenirlo.
Porque prevenir un siniestro no comienza cuando el vehículo sale a la ruta.
Comienza mucho antes: en la planificación, en los turnos, en el liderazgo, en los descansos, en la cultura de seguridad y en las condiciones en que una persona se sienta frente al volante.
Y en una gestión moderna de la movilidad, cuidar al conductor también es cuidar la operación.
CEA Chile LegalTech & Mobility Seguridad vial, gestión de riesgos y movilidad: una mirada integral para organizaciones que buscan avanzar hacia una conducción más segura.
Fuentes utilizadas: CONASET, estudios chilenos sobre conductores de transporte de carga y pasajeros, conductores de camiones forestales, burnout y carga mental en transporte público, y estudio aplicado a conductores de Subus. Las cifras y asociaciones están formuladas con las precauciones metodológicas señaladas en los documentos, evitando atribuir al estrés una causalidad que las estadísticas no permiten demostrar.
Paola Cifuentes Valenzuela - Departamento de Comunicación
